lunes, 3 de enero de 2011

Pometiste cruzarme por los puentes...



Prometiste cruzarme por los puentes, llevarme de la mano o tomarme en tus brazos para que atravesara y viera la otra orilla...

Te seguí, silenciosa, con los ojos cerrados.

Mis pies descalzos recorrieron despacio la humedad de aquel puente, y siempre a cada paso más cerca ese deseo, más cerca la aventura.   Del otro lado el mar y yo en silencio, con los ojos cerrados, caminando despacio por el puente,  tomada de tu mano.

Abrí mis ojos y contemplé en silencio la ciudad a mis pies, y por primera vez no sentí miedo, solo a unos pasos más nos aguardaba la playa y sus hechizos, no tuve miedo, tu blanco resplandor me hipnotizaba, me llenaba de magia,  me perdí entre tus labios de membrillo,  de arándano y de miel. 

Te seguí, caminé por la playa y vi a mi paso,  encenderse en la arena luces como cometas, como estrellas fugaces a la luz de la luna.   Y tú como Dios griego hermoso, inalcanzable,  postrado ante mis pies y besando mi nombre, y encendiendo la arena y bajando la luna y colgando en mi pelo estrellas, caracoles y orquídeas  cristalinas.

Te vi camino al mar, te viraste dos veces para mirar mi rostro absorto por las luces, y gritaste mi nombre con la fuerza del viento, del huracán, del sismo, y sacudiste mi alma!   

 Te dije adiós y vi como tu cuerpo se fue desvaneciendo perdido entre las olas. 

No he vuelto a nuestra playa, ni he cruzado más puentes.   

A veces mi mirada te busca en la distancia pero tú no apareces,  y te grito en silencio con mis ojos de bruja, de hechicera, de salamandra viva y siento tu presencia en el agua entubada y sistematizada que recorre mi cuerpo...

Y despierto del sueño con el corazón roto, con los labios pintados de ausencia y de delirio, con la humedad del cuerpo y el vacío del alma y mi  pelo adornado de estrellas, caracoles y orquídeas cristalinas...

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